¿Cómo dejar de ser una mamá “basurero” (de comida)?

 

¿Te ha pasado?…

 

Que vas a una piñata, les dan pastel a todos los niños, tu hijo le da 2 pellizcos, deja lo demás, y piensas “ayyyyy, ¿cómo voy a desperdiciar este pastelito tan rico que mordió mi hijo? ¡Ya nadie se lo va a comer y se irá a la basura enterito!

 

“Ayy, cómo voy a dejar este medio taquito de harina que dejó mi hijo ya con la salsa y todo. ¿Cómo lo desperdiciaré? Mejor me lo como”.

 

O el huevito que dejaron a medias en el desayuno. “Ay quién se lo va a comer, tan caro que está como para tirarlo”.

 

¿Quién iba a pensar, que al convertirte en mamá, también te convertirías en el “basurero” de comida que dejan tus hijos en las comidas, en las cenas, o en las piñatas??

 

Quizá lo comes con el afán de que no se desperdicie la comida o simplemente porque se ve buenísimo, se te antoja demasiado, y está “namás ahí en el plato”.

 

Pero déjame decirte que es con ese mismo afán, que terminamos comiendo alimentos (¡que en ocasiones no son nada nutritivos!) cuando ya estamos llenísimas, o cuando ni hambre teníamos.

 

Y luego viene la inflamación, la culpa, y el incremento de peso… 🙁

 

 

Ya te mencioné los 2 motivos principales por los que nos convertimos en “mamá basurero”:

  1. Creemos que la comida se va a desperdiciar
  2. Se nos antoja demasiado la comida de los niños

 

El problema con la creencia del desperdicio es que cuando tú te lo comes, NO SIGNIFICA QUE NO ESTÁS DESPERDICIANDO, ni que se está aprovechando mejor.

 

Si tu cuerpo no lo necesita y te lo comes, ¡también es un desperdicio!

 

La diferencia es que en tu cuerpo, te hace daño, te inflama, te enferma, te hace sentir pesada, culpable, fatigada, y afecta en general toda tu salud…

 

El hábito de “me lo como para no desperdiciar” es una forma de auto abuso y de falta de respeto a tu cuerpo.

 

Entonces, ¿qué hacer para no desperdiciar?

 

Te paso unos tips que me compartieron mis alumnas:

  • Guarda en tu refri todas las sobras de la semana (y te puedes traer las sobras de la piñata también) y los viernes llévalos a la esquina de la cuadra donde sepas que hay perritos que tienen hambre, y así se aprovecha mejor.
  • Mide mejor las porciones de lo que cocinas para que no sobre tanta comida.
  • Sirve porciones más pequeñas a tus hijos. Preferible que se vuelvan a servir, a que dejen comida en el plato.

 

Considera también que entre más estrés tengas en tu vida, más fácil será querer llenarte de comida, y si hay comida disponible frente a tus ojos, no habrá fuerza de voluntad en este planeta que te ayude a decir que no.

 

Cuando estamos RELAJADAS, somos más sensibles a las hormonas del apetito: leptina y grelina.

 

Por lo tanto, es mucho más fácil dejar de comer, que cuando estás estresada.

 

Verás, cuando estás RELAJADA, es mucho menos difícil que tengas que refugiarte en la comida y puedas decir que NO a la comida que se ve tan antojable en el plato de tu hijo(a).

 

Por último considera que… Si tu plan de alimentación carece de placer (como cuando estás a dieta), o está lleno de azúcar y carbs procesados, tu cuerpo te pedirá que comas más y más (especialmente comida chatarra). Y la solución para esto es aprender a comer de una manera saludable, pero deliciosa (sí, asegúrate que todo lo que te comes sea nutritivo, ¡pero que a ti te sepa delicioso!).

 

¡A practicar con estos tips!

 

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