Cómo bajé de peso cambiando el chip mental

 

¡Hola amiga!

 

Antes de meterme al mundo de la salud y la nutrición, vivía a dieta y peleada con mi cuerpo y la comida.

 

Durante 15 años, mi vida y mi felicidad estaba regida por las calorías, los gramos de grasa, “lo que me engorda” y “lo que me adelgaza”.

 

Lo intenté todo:

  • Dietas estrictas
  • Dietas no tan estrictas
  • Pastillas naturales para adelgazar
  • Pastillas nada naturales para regular el apetito
  • 3 horas de ejercicio diarias
  • Masajes reductivos
  • Nutriólogos
  • Psicólogos
  • Homeópatas
  • Suplementos

 

Me llegué a hacer hasta 2 liposucciones cuando tenía sólo 20 años…

 

Fui vegetariana, vegana y crudivegana (ahora soy flexiteriana).

 

¡Nada me funcionó!

 

Más bien, esto fue lo que obtuve:

  • Incremento de peso “inexplicable”
  • Frustración por no ver resultados
  • Ansiedad por comer prácticamente todos los días
  • Comía compulsivamente casi todas las noches
  • Dolores de cabeza, indigestión
  • Pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo

 

Hasta que finalmente un día, después de mucho sufrimiento, TODO ME HIZO CLICK.

 

Y al empezar a aplicar los tips que te voy a compartir a continuación, empecé a bajar de peso casi “automágicamente”.

 

 

Lo primero que hice fue CAMBIAR EL CHIP MENTAL.

 

Ninguna de las estrategias que hice me hubieran funcionando, si primero no hubiera cambiado el chip mental.

 

¿Por qué?

 

Porque tus pensamientos, emociones y creencias tienen un impacto sobre cómo asimilas, digieres y quemas calorías.

 

La raíz de tus comportamientos, actitudes y hábitos con la comida y con tu cuerpo, se detonan de un pensamiento o una creencia.

 

Si no cambias la creencia o el pensamiento, volverás a “caer” en los mismos errores o hábitos negativos que te llevaron a subir de peso en primer lugar.

 

 

  1. Dejé de pensar en “qué me adelgaza” o “qué no me engorda”, y empecé a pensar en qué verdaderamente me nutre..

 

Me metí un clavado a muchos libros de NUTRICIÓN hasta que realmente entendí ¡¡qué es lo que mi cuerpo necesitaba!!

 

Empecé a darme cuenta de los errores nutricionales que había cometido durante años y comencé a llevar un plan de alimentación bajo en carga glicémica.

 

Si me daba lo mismo comerme una manzana o una pera, me enfoqué en escoger lo que más me nutre. Por ejemplo, me empecé a preguntar: ¿Qué me nutre más, el frijol o el arroz? ¿O ninguno de los dos?  (Por si no sabes, el frijol es más nutritivo que el arroz)

 

Me enfoqué en comer lo que me cae bien a mí, no lo que dice la nutrióloga o la revista.

 

Te comparto un ejemplo de lo que comía ANTES y DESPUÉS de cambio de mentalidad:

 

 

 

 

La diferencia entre mi alimentación de antes y después de mi cambio de mentalidad tiene que ver con la calidad de los alimentos, las cantidades y la carga glicémica. (Para aprender cómo alimentarte sanamente de acuerdo a mi filosofía, conoce EL ARTE DE NUTRIR TU CUERPO).

 

 

2. Empecé a buscar toda forma para aceptarme.

 

Antes de este cambio de mentalidad, buscaba como loca la dieta perfecta, el ejercicio más efectivo para tonificar mis brazos en dos semanas, la clase de spinning que mejor me bajara las nalgas, el suplemento para que me quitara el hambre.

 

En fin.

 

Ya había tratado eso durante 15 años y no me había funcionado.  Y la verdad, ya estaba hasta el gorro de vivir tan estresada porque no me gustaba cómo me veía en el espejo.

 

 

Así que con mi cambio de chip mental, enfoqué todas mis energías en buscar formas para aceptarme.

 

No fue fácil, lo admito.

 

Dentro de mí, todavía había una parte que quería adelgazar a toda costa.

 

Pero finalmente entendí:  si eso no me había funcionado durante 15 años, ya no me iba a funcionar.

 

Tenía que hacer algo que me diera paz.

 

Y esta paz me la dio el finalmente aceptarme.  

 

Y vaya, ¡me funcionó increíble!!

 

Esto fue lo que sucedió:

En cuanto me empecé a aceptar de verdad, solté totalmente la necesidad de bajar de peso.

 

Y al soltar esta necesidad de bajar de peso, ¡empecé a bajar de peso automáticamente!

 

3. Dejé de estar enojada con mi cuerpo.

 

Como mi cuerpo no hacía lo que yo quería cuando yo quería, estaba realmente muy enojada con él.

 

Había hecho TODO lo que me habían dicho los nutriólogos , los expertos, los entrenadores y las revistas, que hiciera.

 

Todo.

 

Hice mucho ejercicio, hice cardio, pesas, nadé, caminé, corrí, comí vegetales, dejé de comer vegetales, me hice vegetariana, dejé de ser vegetariana, dejé de comer carbohidratos, todo lo intenté.

 

Y aún así, mi cuerpo hacía lo que se le pegaba la regalada gana.

 

Engordaba y quería comer con mucha ansiedad.

 

Antes de mi cambio de mentalidad, yo pensaba: “¡Méndigo cuerpo!” 

 

Honestamente,  me tenía harta. Me quería salir de él.

 

Así que cuando me di cuenta que tenía que cambiar mi chip mental, empecé a reconciliarme con él.  

 

Hoy comprendo que al reconciliarme con él, éste entró en un estado de relajación, en donde empecé a dejar de almacenar grasa. Entre más me perdonaba, ¡más bajaba de peso!

 

 

4. Cambié radicalmente mi forma de hacer ejercicio.

 

Incluso, empecé a hacer menos ejercicio.

 

Sí, a lo mejor suena contra-intuitivo. Pero toma en cuenta que llegué a hacer hasta 3 horas de ejercicio diaria.

 

Hacía ejercicio porque odiaba mi cuerpo y porque quería que cambiara a toda costa.

 

Mi cuerpo estaba estresado y agotado. Mis glándulas adrenales estaban fatigadísimas.

 

Todo este estrés y agotamiento, estaba provocando que subiera de peso.

 

Mi estrategia consistió en empezar a escuchar a mi cuerpo y a hacer ejercicio como estrategia para amar mi cuerpo.

 

Empecé a hacer sólo el ejercicio que mi cuerpo necesitaba.

 

Hoy, hago ejercicio porque me encanta mover mi cuerpo, porque me hace sentir bien, porque me da energía y fuerza. Y hago sólo la cantidad que me sienta bien en ese momento.

 

5. Empecé a darme más permisos para ser feliz y disfrutar..

 

Creo que siempre, desde chiquita, he sido muy exigente conmigo misma.

 

En la universidad, no me daba permiso de ir al cine en un lunes, porque los lunes “se estudia y se trabaja, no se divierte”.   

 

Si no hacía suficiente ejercicio, no me daba permiso de comerme un pedazo de chocolate.

 

Si no ganaba “suficiente dinero”, no me daba permiso de comprarme cosas para mí. 

 

Cuando cambié el chip mental, me di cuenta que no podía seguir poniendo mi vida en pausa, esperando “el cuerpo perfecto, el sueldo perfecto o el momento perfecto”.

 

Empecé a hacer actividades que me dieran placer, que me alegraran el día, que me hicieran sentir bien acerca de mí misma y de mi vida, incluso, ¡que me hicieran sentir como si estuviera de vacaciones!

 

En mi caso eso significo:

  • Un masaje entre semana
  • Ir al cine en un martes
  • Pedir de cenar algo rico en un miércoles cualquiera.
  • Un arreglo de flores en mi escritorio
  • Aromaterapia en mi cuarto antes de dormir.

 

Entre más disfrutaba mi día, menos dependía de la comida.

Como por arte de magia, mi ansiedad por comer comenzó a disminuir.

 

6. Encontré mi pasión: Me di cuenta que mi trabajo no me hacía feliz y empecé a buscar mi pasión.

 

En ese entonces vivía en Hong Kong.

 

Tenía un trabajo bien pagado, pero muy estresante, y que no me daba mucha satisfacción personal.

 

No me levantaba con ganas en las mañanas. Y medía mi éxito por qué tanto dinero hacía ese mes.

 

Mi pasión era la nutrición, pero yo trabajaba en comercio internacional.

 

Empecé a buscar cursos de cosas que me apasionaban: de nutrición,  Reiki,  aromaterapia, comida crudivegana, etc.

 

Y empecé a decretar cómo sería mi vida si yo hiciera mi pasión.

 

Poco a poco, fui dando pasos para empezar a convertir mi pasión en una forma de ganarme la vida (y heme aquí!!!).

 

Me encanta tanto lo que hago, que no siento que trabajo.

 

Al liberarme del trabajo que no disfrutaba, disminuyó el estrés en mi vida.

 

El tomar decisiones nutritivas empezó a ser mucho más fácil, porque ya no me tenía que refugiar en la comida al final de un día pesado de trabajo. Ni depender de la comida para satisfacer una necesidad emocional.

 

Y aunque empezar una nueva carrera me ha costado muchísimo tiempo, dinero y esfuerzo, ahora hago lo que me encanta, y ayudo a miles de mujeres en América Latina a aprender a sanar su relación con el peso, el cuerpo y la comida…

 

7. Dije que NO al virus cultural tóxico que me decía que mi cuerpo no era suficiente.

 

Cada vez que el virus cultural tóxico me incitaba a regresar a las dietas, a las pastillas y a abusar de mí misma para adelgazar, me repetía las siguientes frases:

 

“Mi cuerpo es perfecto para esta etapa de mi vida.

Yo nutro y respeto mi cuerpo todos los días y mi cuerpo toma la forma que necesita.

Mi cuerpo suelta todo lo que no necesita.” 

 

Estas frases fueron clave en mi proceso de aceptación.

 

Conforme más las repetía, más me hacían sentido, y más me aceptaba.

 

Y conforme más me aceptaba, más fácil era nutrirme.

 

Y como por arte de magia, poco a poco empecé a sentir la ropa más cómoda y holgada.

 

¿Por qué?

 

Porque nuestros pensamientos, emociones y creencias tienen un impacto profundo sobre cómo asimilamos, digerimos y quemamos calorías.

 

Si yo pienso: “estoy bien gorda y nunca voy a tener el peso que quiero”, automáticamente me estreso, desregulo mis hormonas del apetito,  y me dan ganas de satisfacer mis necesidades con comida.

 

Si yo pienso: “tengo el peso perfecto para esta etapa de mi vida y estoy dispuesta a aprender lo que tengo que aprender”, automáticamente relajo mi sistema nervioso, regulo mis hormonas del apetito, y confío en que mi mente y mi cuerpo harán lo que tengan que hacer para sanar.

 

 

Mi transformación sorprendente:

 

Poco a poco, la combinación de todos estos factores (y muchos otros  más que te enseño en el programa REPROGRAMA TU CUERPO EN 21 DÍAS), logró lo que todas las dietas, pastillas y liposucciones no habían logrado en 15 años:

 

  • dejé de preocuparme por el peso,
  • empecé a comer más cantidades, pero más nutritivas
  • empecé a comer cosas realmente placenteras para mí (como un pedazo de chocolate después de comer),

 

 

Y como por arte de magia, inesperadamente, dejé de pelearme con mi cuerpo, empecé a bajar de peso,  y fueron desapareciendo muchos síntomas de salud como mi ansiedad por comer, mi reflujo y mi estreñimiento.

 

 

 

¿Cuál es la conclusión?

 

El 5% de las personas que logran bajar de peso y mantenerse, cambian el chip mental.

 

ALGO les cambia en la vida.

 

No siguen con las mismas creencias, emociones y actitudes que los llevaron a subir de peso.

 

Si yo pude, después de 15 años de estar peleada con mi cuerpo y la comida, tú también puedes hacerlo.

 

¡Y no estás sola!

 

Miles de mujeres han pasado por la misma transformación, usando las mismas herramientas en Psicología de la Alimentación que les enseño en REPROGRAMA TU CUERPO EN 21 DÍAS.

 

 

Si ellas pudieron, tú también puedes:

 

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Testimonio el arte de amar tu cuerpo yady

 

 

Mi programa en línea REPROGRAMA TU CUERPO EN 21 DÍAS es lo mejor que puedes tomar si quieres una guía e inspiración para empezar a cambiar el chip mental y comenzar a activar tu metabolismo sin dietas, sin estrés y sin sufrimiento.

 

El programa usa herramientas en Psicología de la Alimentación + hipnosis para que puedas detectar cuáles son los hábitos, comportamientos y actitudes que inconscientemente están saboteando tu peso y tu salud y cambiarlos desde la raíz.

 

El programa también incluye un plan de alimentación desintoxicante con recetas nutritivas y deliciosas para desinflamar tu cuerpo, sanarlo, reducir antojos y darle un boost a tu metabolismo.

 

Este NO es un programa “milagro”  ni una pastillita mágica para eliminar el sobrepeso de la noche a la mañana.

 

Este es un programa que te ayudará a trabajar en tus creencias y comportamientos y actitudes para que tengas a la mano mayores recursos para retomar tu salud y tu metabolismo, sin sufrimiento y frustración.

 

 

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